Comunicaciones

El servicio postal se consolidó a mediados del siglo XIX como la principal institución de mensajería en el país. En 1853 las autoridades modernizaron el servicio dictando nuevas ordenanzas, implementando buzones e inaugurando el uso de estampillas. Hacia fines de siglo, la expansión territorial del estado chileno, la urbanización y el aumento de la población, elevaron el reducido intercambio epistolar...

Correo Central

Correo Central (1908)

Diario Ilustrado

El Diario Ilustrado (1916)

Central de Compañía de Teléfonos

Central de Compañía de Teléfonos

La Nación

La Nación (1917)

Radio Chilena

Radio Chilena (1923)

1830

1980

Durante el siglo XIX y primeras décadas del siglo XX se desarrolló una veloz implementación de medios de comunicación en Chile. El correo y los periódicos se modernizaron, mientras que el telégrafo, teléfono y la radio, fueron introducidos  gradualmente modificando las prácticas de intercambio e información de los chilenos. De estos, uno de los primeros en consolidarse fue el servicio postal. Este fue reorganizado a mediados del siglo XIX, situándose como la principal institución de mensajería en el país. En 1853 las autoridades modernizaron el servicio dictando nuevas ordenanzas, implementando buzones e inaugurando el uso de estampillas. Hacia fines de siglo, la expansión territorial del estado chileno, la urbanización y el aumento de la población, elevaron el reducido intercambio epistolar, pese a los altos niveles de analfabetismo. La correspondencia viajaba en barcos, carruajes, a lomo de caballo, ferrocarril y posteriormente en avión. La uniformidad del sistema en el país contribuyó a que Correos de Chile forjara una imagen institucional inseparable de la idea del Estado. Estas acciones dieron cuenta de la concepción gubernamental del correo como un medio de comunicación estratégico y como un servicio básico para la comunidad nacional. También reflejaron una institución, que pese a su presencia en diversas provincias, proyectó el centralismo comunicacional que se ejercía en la metropoli.

La modernización de Correos de Chile se produjo al mismo tiempo que ingresaba una nueva tecnología de comunicación al país: el telégrafo. Este aparato constituyó la primera experiencia de comunicación a distancia inmediata gracias a la electricidad aplicada, décadas antes de la aparición de la luz eléctrica y de los tranvías en Chile. Su estrenó fue en 1851, comunicando Santiago con Valparaíso. Las líneas tendidas entre ciudades se levantaban a la orilla de la vía férrea y en ocasiones se instalaban paralelamente. La red telegráfica comenzó como una empresa privada, pero en 1875 fue adquirida por el Estado. La decisión fue acertada desde el punto de vista estratégico, porque cuatro años más tarde el país se involucraría en la Guerra del Pacífico y, en términos políticos y militares, resultaría muy valioso contar con un método de transmisión más rápido y seguro que la correspondencia. Aunque en un momento se pensó que el telégrafo reemplazaría al correo, ambos medios coexistieron; en 1921 la red telegráfica contaba con 373 oficinas, mientras que las de correo alcanzaban 982. Tampoco perdió vigencia el telégrafo con la aparición del teléfono, al menos hasta 1937 su uso continuó creciendo.

En 1880 se formó la primera empresa de teléfonos en Valparaíso. En los años iniciales el servició se expandió lento y abarcó solo Viña del Mar y Santiago. Por su parte, la conexión interurbana no prosperó debido al alto costo económico y técnico de la inversión. Sólo una vez que grandes capitales extranjeros se hicieron cargo de la empresa, se pudo repuntar en estos aspectos. Esto ocurrió en 1884, con la venta de la compañía a The West Coast Telephone Co., la que fue sucedida en 1889 por la Chili Telephone Company. Ese mismo año, esta compañía aseguraba contar con 476 suscriptores en las calles centrales de la capital. En 1899 el servicio de teléfonos dejó de ser un monopolio, al surgir otra compañía administradora, la Sociedad Nacional de Teléfonos de capitales nacionales. Más tarde, su lugar lo tomaría la Compañía Nacional de Teléfonos.

En las grandes ciudades, como Santiago o Valparaíso, los alambres sujetos a postes de madera modificaron el paisaje. El cableado telefónico se unió al de electricidad suspendido a siete metros del suelo en calles y veredas. La disrupción en el ambiente no fue indiferente a las autoridades, por ejemplo, en 1904 el entonces senador Ramón Barros Luco se quejaba ante “la brutalidad” de que en pleno centro de Santiago, hubiese postes de gran altura ocupando con su base más de la cuarta parte de las veredas. La ubicación del tendido de cables fue parte de las negociaciones que las autoridades tuvieron con las compañías telefónicas. La extensión por el subsuelo requería mayor inversión y las empresas no estaban dispuestas a hacerlo a menos que se les asegurara la concesión del servicio. Sin embargo, para la clase política, por lo menos hasta los años treinta, se presentaba la disyuntiva si era conveniente o no ceder un servicio de comunicación ya indispensable en esa época, al albedrío de las decisiones de privados. Asuntos como el alza de las tarifas, la deficiencia del servicio o la reticencia a instalar la red bajo el suelo, eran problemáticas presentes en las discusiones. En el caso de la Chili Telephone Company, la empresa negoció extender líneas subterráneas al momento de realizarse obras de alcantarillado. Sin embargo en 1927 decidió retirarse del mercado chileno vendiendo sus acciones a la International Telegraph and Telephone (ITT). Esta empresa administró el servicio en Chile a través de su filial Compañía de Teléfonos de Chile, que operó desde 1931. Con distintos dueños y renombres, esta compañía perduró en el tiempo hasta la actualidad.

El sistema de teléfonos operaba con telefonistas que desde la central comunicaban con el número solicitado. La primera planta automática que permitió comunicarse en forma directa y privada se estableció en Santiago en 1927. Al año siguiente se inauguraron las llamadas internacionales. Finalizando los años veinte, el uso del teléfono crecía en varios miles de usuarios cada año. En Santiago funcionaban 24.240 aparatos hacia 1930, y la tendencia fue al alza sostenida alcanzándose 75.840 en 1950. El teléfono, como también lo había hecho el telégrafo, hizo posible algo inimaginable hasta entonces, la comunicación a distancia inmediata y además la experiencia objetiva de percibir a una persona situada en otro lugar. Las sorprendentes aplicaciones de la física al ámbito comunicacional, fueron más allá de la comunicación interpersonal. La invención de la radio permitió transmitir masiva y simultáneamente un mensaje auditivo a personas dispersas geográficamente.

La primera transmisión de radio en Chile fue en 1922. Fueron dos profesores de la Universidad de Chile quienes hicieron las primeras pruebas, instalando las antenas en el edificio más alto de Santiago, el Ariztía, que se ubicaba en pleno barrio de la Bolsa de Comercio. Al año siguiente se formaron empresas radioemisoras, pero la masividad de la audiencia llegó en la década siguiente, cuando los precios de los aparatos receptores alcanzaron precios accesibles. Este medio de comunicación tuvo un efecto radical en la sociedad, su impacto fue más profundo que cualquier otro medio anterior, en términos de masividad y diversidad de beneficios que prestaba a la población. La radio acompañaba con música y entretención, informaba, divulgaba opiniones y promovía el desarrollo artístico. Además, influía en el consumo con la publicidad comercial.

La prensa también fue parte de este despertar comunicacional sumando a inicio del siglo periódicos que serían de gran relevancia para el escenario noticioso y político chileno, como El Mercurio de Santiago, El Diario Ilustrado y La Nación, entre otros. Estas publicaciones realizaron innovaciones tecnológicas en sus imprentas y en su diagramación para aumentar su atractivo y competir con los otros medios. En este sentido, aumentar el color, mejorar grabados y preponderar las imágenes en portada, fueron cambios que buscaron atraer a la población, que en su mayoría no era asidua a la lectura. Posteriormente, la industria editorial creció con la publicación de revistas ilustradas que combinaban actualidad, cultura y entretención. El éxito de algunas de ellas, demostró la cálida acogida de la población a este nuevo formato de medios de comunicación escrita.