1911Tranque Sloman

Construida entre los años 1905 y 1911, fue una de las primeras instalaciones levantadas en el norte del país con el propósito de promover la generación de energía eléctrica.

Impulsada por el empresario anglo-alemán Henry Sloman, fue diseñada con el objetivo de generar energía eléctrica a partir del caudal del río Loa, para abastecer a las oficinas salitreras de Buena Esperanza (1893), Grutas (1895), Rica Aventura (1895) y Empresa (1895).

La explotación salitrera en la región de Antofagasta provocó la creación de numerosas infraestructuras orientadas a sostener los servicios básicos de la industria y de la población[1]. Las compañías británicas, chilenas y alemanas fueron las principales inversionistas que solventaron estos desarrollos, los que se centraron en la construcción del Ferrocarril de Antofagasta a Bolivia, las instalaciones portuarias y el desarrollo de los enclaves mineros.

En el sector del Toco, los primeros yacimientos de salitre fueron descubiertos en 1870 por el explorador chileno José Antonio Barrenechea[2]. Para la administración de la región, se creó el Cantón El Toco que corresponde a un territorio que abarca un conjunto de oficinas salitreras y se adecúa a “una geografía económica que no siempre coincidía con la geografía política de la Provincia o de los antiguos Departamentos”[3]. A fines del siglo XIX, la formación de centros urbanos y las actividades mineras de reconocimientos y cateos, transformaron el lugar “en la región más fructífera y floreciente de ese entonces”[4].

En el Cantón El Toco, los empresarios alemanes establecieron una “colosal maquinaria” para el avance tecnológico de la zona[5]. En ese contexto, Henry Sloman marcó un hito con la introducción de la hidroelectricidad mediante tranques, “su objetivo era dotar de energía eléctrica a las plantas de procesamiento y la lixiviación del caliche”[6]. Este proceso de modernización implicó la extracción de aguas del río Loa para usos industriales y como fuente de energía motriz. En la región, la Anglo Chilian Nitrate Railway utilizó los recursos naturales para “surtir de agua al ferrocarril de Tocopilla al Toco i para elaborar salitre en las oficinas de Santa Isabel i Peregrina. Esas instalaciones están divididas en dos secciones: la de las bombas, propiamente dichas, i la de las resacadoras de agua”[7].

El tranque Sloman se erigió como una impresionante obra de ingeniería. En la obra trabajaron alrededor de 200 obreros, en la complejidad del desierto. La edificación funcionaba a partir de la caída de agua, constaba de un murallón de piedra de 38 metros de alto y un embalse de 2 kilómetros de extensión que proporcionaba agua potable a los enclaves salitreros. En la represa, la contención de agua era de dos millones de metros cúbicos aproximadamente, cuyas dimensiones eran de 4,5 kilómetros de largo y entre los 10 a 90 metros de ancho[1].

La central hidroeléctrica cumplió finalidades de carácter industrial y de comunicaciones, por ejemplo porque la Oficina Santa Fe, que “fue la primera que funcionó con ferrocarriles eléctricos tanto para el transporte de bienes como para el caliche”[8]. La colocación de una cañería de 35 kilómetros proporcionó el “suministro de agua a los enclaves salitreros y las instalaciones extractivas”[9]. Además, la existencia de la represa permitió regular secciones del caudal del río Loa, lo que originó una laguna y zonas de balneario para la recreación. En ese lugar, “las familias acomodadas de los empleados y administradores de las Oficinas iban al tranque a pasar entretenidas tardes y así poder navegar en sus tranquilas aguas, desarrollando también la pesca deportiva”[10]

El funcionamiento de la central hidroeléctrica comenzaba con el represamiento del agua en el embalse, la que era conducida por cañerías hasta los tres receptores hidráulicos. Cada uno de ellos contaba con un generador eléctrico de marca Siemens. La electricidad pasaba “a tres transformadores de la misma casa constructora que elevan el voltaje de 525 a 20.000 volts”[11]. Desde la sala de máquinas, la energía eléctrica se transmitía, a través de torres y postes, a los enclaves salitreros. Estos lugares “se entendieron como medio de producción, razón por la cual el conjunto urbano completo estaba al servicio de las labores industriales”[12]. La provisión de energía era fundamental para la aplicación del sistema Shanks que consistía en el tratamiento del salitre mediante máquinas chancadoras y el traslado a estanques de lixiviación para el lavado del material.

En 1956, tras el cierre de la Oficina Prosperidad, el tranque Sloman finalizó sus operaciones y fue abandonado. En 1980, fue declarado Monumento Histórico, abarcando las compuertas, canales, el tubo de alimentación para las turbinas y las áreas de vegetación cercanas a la obra. En 1991, la zona de protección fue extendida a la casa de máquinas, donde se encuentran las tres turbinas que están conectadas a los generadores. Desde 1995, el tranque Sloman, junto con el Santa Fe, se encuentran bajo la administración de la Quiebra Isidoro Andía Luza, tramitada en el 11º Juzgado Civil de Santiago[13]. En la actualidad, el tranque presenta bastante deterioro y es sitio de acopio de desechos mineros de la zona. Esto ha causado problemas medioambientales en la cuenca del río Loa y efectos nocivos para los habitantes del valle de Quillagua, específicamente los graves incidentes de contaminación de las aguas en los años 1997 y 2000[14].


[1] Flora Vilches, Charles Rees y Claudia Silva, “Arqueología de asentamientos salitreros en la región de Antofagasta (1880-1930): síntesis y perspectivas”, Chungará, Revista de Antropología Chilena, vol. 40, nº 1, 2008, pp. 19-30.

[2] Roberto Hernández, El salitre. Resumen histórico desde su descubrimiento y explotación. Valparaíso, Fisher Hermanos, 1930, p. 78.

[3] Tocopilla y su Historia. El blog de Damir Galaz-Mandakovic

https://tocopillaysuhistoria.blogspot.com/2022/06/canton-el-toco.html

[4] Isaac Arce, Narraciones históricas de Antofagasta. Iquique, Impreso en Lama Industrial S.A., 1997,  p. 388.

[5] Marcial Figueroa, Chuquicamata. La tumba del chileno. Antofagasta, Imprenta Castellana, 1928, p. 181.

[6] El Mercurio de Calama, “Tranque Sloman: la obra que convirtió a Atacama en un laboratorio tecnológico”, 7 de febrero de 1922.

[7] Ricardo Martínez, “El río Loa i los pozos de la rejión salitrera de Antofagasta”, Anales del Instituto de Injenieros de Chile, año VII, nº 12, 1907, p. 587.

[8] Adriana Capaldo, Expansión imperialista y su particularidad en la explotación alemana de las salitreras del Cantón El Toco 1880-1930. Tesis para optar al grado de Magister en Historia, mención historia de Europa, Universidad de Chile, Facultad de Filosofía y Humanidades, 2010, p. 82.

[9] Damir Galaz-Mandakovic, “Río, murallas y turbinas. Innovación hidroeléctrica en el Cantón El Toco: Tranque Santa Fe y Tranque Sloman”, Revista de Ciencias Sociales, vol. 28, nº 43, 2019, p. 75.

[10] https://mariaelena.travel/tranque-sloman/

[11] Damir Galaz-Mandakovic, Movimientos, tensiones y luces. Historias tocopillanas. Tocopilla, Ediciones Bahía Algodonales, 2019, p. 89.

[12] Eugenio Garcés Feliú, Las ciudades del salitre. Santiago, Orígenes, 1999, p. 39.

[13] https://caminantesdeldesierto.blogspot.com/p/el-tranque-sloman.html

[14] https://noalamina.org/latinoamerica/chile/item/3262-la-muerte-del-rio-loa-por-el-xantato-y-detergentes