1866Termas de Cauquenes

Durante el siglo XIX los baños de Cauquenes se transformaron en uno de los principales sitios de salud del país. Ubicados en los faldeos de los Andes, en una ladera del río Cachapoal, fueron un destino anhelado por enfermos y bañistas para alcanzar la salud y el bienestar.

Si bien desde tiempos antiguos sus aguas termales habían sido consideradas medicinales, el desarrollo de la hidroterapia europea hacia fines del siglo XVIII y el respaldo científico dado por la medicina del XIX, los ubicaron como una medicina consumida y demandada tanto por la creciente burguesía urbana de las grandes ciudades del país, como por campesinos y obreros.

Hacia fines del siglo XVIII el abate Juan Ignacio Molina (¡740-1829) relataba que en las aguas de Cauquenes desde hacía tiempo que se reunían “muchas partidas de gentes” “unas a recrease, y otras a recobrar la salud”[1]. Algunos eran vecinos, otros españoles y también se identificaron algunos esclavizados, que fueron llevados a los baños por sus “amos” para tratar alguna dolencia específica. Ese fue el caso de Juan Luco, un esclavizado pardo que en 1787 en la cárcel pública fue llevado a los baños desde Santiago, para tratar la “Lues gálica con una gonorrea o purgación continua” que sufría[2].

Los baños de Cauquenes fueron parte del antiguo mayorazgo de la familia Larraín hasta el año 1867 cuando Rafael Larraín vendió las tierras a Apolinario Soto, quien representaba a la nueva burguesía enriquecida con la minera del norte que se integraba gradualmente a las elites de la segunda mitad del siglo XIX. Si bien no es posible establecer una fecha específica de creación del establecimiento de baños, dado que su proceso de transformación fue gradual y continuo, 1866 representa una fecha relevante, por el cambio de la administración y la aceleración de las transformaciones materiales del sitio. En esa fecha Carl Hess arrendó las termas, las que luego en 1887, pasarían a manos del médico Primitivo Espejo, quién potenció su carácter médico. Bajo estas administraciones las termas cambiaron notoriamente y se construyó gran parte de la infraestructura que se conoce hoy en día. Se levantó el hotel, se reemplazaron las antiguas tinas de madera por baños de mármol, se erigió el solemne pabellón de baños y se encargó al arquitecto Eloy Cortínez (1845-1905), quién luego diseñaría el edificio de la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile, el amplio comedor con vistas al río Cachapoal[3]. También se crearon jardines y parques, lagunas y espacios de juego y descanso, además de la incorporación de elementos como la luz eléctrica y el telégrafo.

Las aguas de Cauquenes prometían curar numerosas enfermedades. Como informaba Carl Hess a la prensa, ayudaban al tratamiento del reumatismo, los dolores nerviosos, los catarros y constipados crónicos, el asma, la bronquitis crónica, la dispepsia (debilidad del estómago), las ulceras del estómago e intestinos, las afecciones crónicas del hígado, el calculo urinario, la esterilidad, el herpes (empeines), el flato, la sífilis, el cáncer, las úlceras exteriores, los principios de parálisis, las enfermedades de los riñones y de la vejiga, entre otros[4].

La cura ofrecida por los baños no se basaba solamente en el consumo de agua. La medicina termal era considerada una cura sistémica, que además del baño, requería del cumplimiento de un régimen estricto[5]. Por esa razón existía un mandato termal que recomendaba ir a los baños alrededor de dos semanas y seguir las ordenanzas dictadas por los médicos que dirigían el espacio o dictaban los preceptos de la hidroterapia termal. Este régimen consideraba la realización de ejercicio, el consumo de una alimentación adecuada, ciertas horas de sueño, respirar el aire puro y elevado de la montaña, recibir la luz del sol, recrearse y socializar y consumir agua termal en sus variadas formas.

Durante la segunda mitad del XIX Cauquenes funcionó principalmente durante el periodo estival y recibió diariamente a cientos de bañistas en sus numerosas habitaciones. Si bien su público fue principalmente burgués, Cauquenes ofreció baños gratuitos en los sectores periféricos para aquellos que no podían costear esta medicina. El avance del siglo XX, el desarrollo de los antibióticos y los cambios en las formas de comprender y tratar las enfermedades, llevaron a que el establecimiento fuese dejando atrás su carácter medicinal para transformarse en un atractivo destino turístico.

Actualmente los Baños de Cauquenes mantienen gran parte de la infraestructura del siglo XIX, sin embargo, no existe mayor resguardo de su patrimonio material, así como reconocimiento de su rol en el desarrollo de la cultura científica nacional.  Además de su faceta terapéutica los baños fueron un enclave de ciencia en la profundidad de los Andes. Estos congregaron autoridades, naturalistas, científicos y una gran cantidad de enfermos. Sus espacios funcionaron como destino hospitalario, pero también de creación y educación. Ejemplo de este rol fue el atractivo museo que levantó en las mismas termas el naturalista inglés Edwyn Charles Reed (1841-1910), quien además de administrar una pequeña tienda-museo que se ubicaba a la entrada del establecimiento, promovió los museos de ciencias naturales en el país. Colaboró con Rodolfo Philippi (1808-1904) como entomólogo en el Museo de Historia Natural de Santiago y luego formó parte del Museo de Historia Natural de Valparaíso en 1878, del cual sería su primer director, para después desempeñaría en el Museo de Concepción, tras su extensa estadía por Cauquenes, sitio donde llegó no solo motivado por su atractivo científico, sino por la necesidad de aliviar sus propias enfermedades.


[1] Juan Ignacio Molina, Compendio de la Historia Geografica, Natural y Civil del Reyno de Chile (Primera Parte), (Madrid: Antonio de Sancha, LXXXVIII), 47-52. Existe también un análisis de las posas de los Baños de Cauquenes de fines del XVIII. AHNCh, Archivo Santa María, C0512, Relación del Río Cachapoal y los baños de Cauquenes, 1789, cuyo autor descnocemos. Sobre uso de aguas termales en la colonia en la región, Carl Bridenbaugh, “Baths and Watering Places of Colonial America”, The William and Mary Quaterly, Third Series, Vol. 3, No. 2 (Apr., 1946), 151-181.

[2] Agradecemos a la historiadora Tamara Araya por compartir esta referencia de un proceso judicial del Fondo de Real Audiencia, v. 2232, p. 2, trabajada en su tesis para obtener el grado de Magíster en Historia, titulada “Enfermedades y otros padecimientos”: médicos, usos de lo médico y personas esclavizadas en registros judiciales. Santiago de Chile (1740-1823), Universidad de Chile, 2018, p. 43.

[3] Primitivo Espejo, Guía del Bañista y del Turista, Santiago, 1897, p. 30 y Luciano Camardon, Cauquenes. Guía del bañista y del turista, Termas de Cauquenes,1934, p. 15.

[4] “Baños de Cauquenes”, El Ferrocarril, 13 de diciembre de 1864.

[5] María José Correa, “A kind of little Wiesbaden, or rather Leukerbad, in the bosom of the Andes“. Experiencia científica y cultura termal en los Andes, siglo XIX”, en Carlos Sanhueza (Ed.), La movilidad del saber científico en América Latina. Objetos, prácticas e instituciones (siglos XVIII al XX), Santiago, Editorial Universitaria, 2017, pp. 55-74. Véase también de la misma autora Vergeles curativos: el parque termal como paisaje terapéutico en Los Andes (1850-1900), Memorias: Revista Digital de Historia y Arqueología desde el Caribe colombiano, año 19, num. 49, enero-abril 2023, Barranquilla (Colombia), pp. 69-96., 2023 y ” ‘Una vida material enteramente nueva’. Los establecimientos termales como espacios emocionales en Chile central, siglo XIX”, en Macarena Cordero, Pedro Moscoso y Antonia Viu, Rastros y gestos de las emociones. Desbordes disciplinarios, Santiago, Cuarto Propio, 2018, pp. 71-101.